Comunicador grosero: fórmula perfecta para el fracaso.

Hablar en público es, a fin de cuentas, hablar. En las conversaciones privadas hay normas no escritas de educación que son imprescindibles para hacer sentir cómodo al interlocutor. Mucho más importante es seguirlas si estamos hablando en público.

El hecho de ser grosero cuando estamos ante un auditorio va a multiplicar el efecto negativo que tiene de por sí una grosería: nos hará perder la autoridad automáticamente, y mermará sensiblemente la comodidad del auditorio, que se pondrá a la defensiva y por tanto será mucho más “impermeable”. No importa si somos maleducados sólo con uno de los oyentes, lo demás se sentirán incómodos automáticamente por empatía y sentimiento de grupo.

Cosas concretas que no debemos hacer al comunicar, pero que son sorprendentemente frecuentes:

A) Reírse de alguien, o bromear a su costa: Algunos formadores/profesores/comunicadores toman una actitud hiriente, consciente o inconscientemente. “No sé dónde habrás oído tú eso, pero en el mundo real se hace así”, “¿Y ahora qué problema tienes?”, “¿Acaso tienes tú 10 años de experiencia?”. Este tipo de bromas son un suicidio profesional, harán sentir a los oyentes enfadados y resentidos, esto hará que el mensaje no llegue en absoluto.

A) Ser informal e incluso usar palabras malsonantes: muchos formadores confunden la cercanía y naturalidad con la informalidad y la falta de educación. Sin embargo para ser cercano basta un tono de voz amigable, el uso de la sonrisa y de la mirada, así como usar ejemplos basados en la propia experiencia.

B) Alzar la voz y usar tono autoritario o violento: esto puede pasar cuando un comunicador confunde pasión e intensidad con volumen y agresividad. En realidad la pasión se puede transmitir mediante la entonación correcta, el uso de los silencios, y el lenguaje corporal.

C) Amiguismo entre los comunicadores, o entre el comunicador y algunos de los oyentes: el típico “como bien sabéis los que habéis asistido a…” o “a tí te lo aclaro luego cuando vayamos a nosedonde”, consigue un nexo entre el comunicador y la persona afectada, pero hace sentir excluidos a todos los demás. Otra cosa tristemente común es el “colegueo” entre los ponentes: las bromas privadas, los comentarios susurrantes mientras miran al auditorio, etc. Esto en una reunión cualquiera se consideraría una gran falta de educación. Ante un auditorio es imperdonable. Dota a los ponentes de un halo de superioridad despectivo que hará sentir al auditorio ninguneado y lo pondrá automáticamente a la defensiva.

D) Relajarse demasiado: Sentarse encima de la mesa, sentarse encima del reposabrazos de un sillón, usar la silla a modo de tumbona para estirarse, bostezar abiertamente, peinarse, limpiarse las uñas, mirar el móvil… todos estos son ejemplos reales de malos comunicadores que transmiten falta de interés y respeto hacia el auditorio. Por el efecto espejo el auditorio dejará de mostrar interés y respeto hacia él. Esto sucede cuando se confunde naturalidad con comodidad e informalidad. Sin embargo para ser natural basta con evitar actuar de forma forzada o artificial; evitemos los extremos.

E) Hablar sólo de uno mismo. El comunicador egocéntrico pierde a su auditorio a los 5 minutos. Las personas necesitan sentirse identificadas en algo con el mensaje.

F) Vestirse de forma provocativa. No se me ocurre un foro/ponencia/auditorio para el que sea adecuado vestirse de forma provocativa. Normalmente se hará para captar la atención o sentirse más cómoda, pero se confunde aquí comodidad y protagonismo con ordinariez y distracción. El protagonista debe ser el mensaje.

Se me ocurren mil ejemplos más, podría resumirse en que las normas de educación que solemos observar en el día a día deben tenerse en cuenta aún más cuando queremos ser comunicadores efectivos, sobre todo si estamos ante un auditorio, donde seremos observados muy atentamente por muchos pares de ojos.

¡Espero que os haya ayudado!

La voz, la gran herramienta del comunicador.

voz

Buenas tardes,

Hoy quiero centrarme en el buen manejo de la voz para comunicar.

Me ha inspirado el dependiente de mi óptica, Félix. Félix es un chico dulce, educado y muy profesional. Pacientemente me ha explicado muchos detalles sobre mi análisis ocular. Sin embargo mi capacidad de atención no ha estado ni mucho menos al 100%, pues no dejaba de fijarme en el sonido agudo e irregular de su voz. Esto me ha desconcentrado tanto que admito no haber escuchado la mitad de lo que me ha dicho.

La voz es una herramienta que será útil en la medida en que le saquemos partido; en caso contrario se convierte en un ruido en el canal de comunicación. Si queremos que nuestra voz sea una aliada en vez de una enemiga, hay varias claves a tener en cuenta:

A) Proyecta, no fuerces la garganta.

Proyectar la voz implica usar el diafragma, no la garganta. Conseguir que el sonido se produzca con la salida de aire desde el pecho. De este modo EVITAMOS: dolor de garganta tras un discurso prolongado (muy recomendable para profesores), y falta de control en la voz (que equivaldría a transmitir inseguridad). CONSEGUIMOS: Autoridad, control, seguridad, claridad del mensaje, capacidad de hacernos entender ante un grupo de personas.

¿Cómo conseguirlo?

– Produce un sonido monótono tipo “OMmmm” con los labios cerrados (ver vídeo http://youtu.be/V7hPKvtdF7U ). Hazlo al mayor volumen que puedas. Nota cómo tu garganta está relajada. Ahora vocaliza el discurso que quieras, como continuación de ese “OM”. Si sigues proyectando, notarás cómo la garganta no se esfuerza.

– Si estás proyectando adecuadamente podrás subir el volumen mucho más, aunque no un tono más agudo. Si se agudiza nuestra voz a medida que subimos el volumen, seguramente estemos forzando la garganta.

– La respiración profunda, usando el estómago (la parte inferior de los pulmones trabajará aquí) va a ser una gran aliada para controlar nuestra voz. Un gran ejercicio para conseguir un buen manejo de la respiración es imitar a los cantantes, y averiguar en qué punto de la canción toman aire sin que se note, y tomarlo tan profundo que seamos capaces de terminar esas estrofas sin “asfixiarnos”.

B) Modula, huye del tono monótono.

Si dibujaran una línea con el tono y volumen de tu voz ¿Cómo sería?

Lo ideal es que esta línea imaginaria dibujase una especie de cadena montañosa, en la que cada cúspide fuese un punto de énfasis. (ver vídeo http://youtu.be/V7hPKvtdF7U)

El énfasis es crucial al hablar, da poder a ciertas partes de una frase, palabras, ideas, sentimientos…

También es importante que al terminar una frase el volumen y tono vayan descendiendo hasta desaparecer con el silencio que indica el punto y final. La entonación es así la versión oral de los signos de puntuación, sin los cuales el contenido del mensaje será mucho más difícil de comprender y asimilar por el oyente.

C) Personaliza tu tono… de voz.

Aunque no seamos conscientes somos capaces de elegir entre un amplio registro de voces. Grave, aguda, pausada, rápida, rítmica, monótona, suave, agresiva, tensa, relajada.

Tu voz es otra parte de ti que puedes (debes) adaptar conscientemente a la comunicación, al mensaje, a la situación en la que te encuentres. Así EVITAMOS: perder autoridad, distraer al oyente. CONSEGUIMOS: controlar esta herramienta, sacarle provecho, influir en la medida en que queramos.

¿Cómo?

Primer ingrediente esencial: sentido común. Si estás en una situación seria, tu voz ha de sonar seria, formal, y educada (nada de voz chillona, cantarina, seductora, chistosa, etc). Si estás intentando meterte al auditorio en el bolsillo contando un chiste tu voz debe jugar a tu favor (nada de voz monótona, formal, seria, grave, autoritaria, etc).

– Segundo ingrediente esencial: empatía. Adáptate a tus oyentes / interlocutor en la medida de lo posible.

-1- Sus circunstancias son importantes a la hora de comunicarte con él, y debes usarlas a tu favor y no en tu contra. Si el receptor del mensaje acaba de contarte que tiene un grave problema de salud, tu tono de voz (y en general todo tu lenguaje no verbal) debe adaptarse a esa situación (voz cantarina, elevada y estridente no será acorde a la situación en este ejemplo).

-2- Su forma de comunicarse también es una clave: imitando su tono y velocidad ganaremos su simpatía con mucha más facilidad.

-3- Ante un numeroso grupo de personas ¿Cómo saber a cuáles debes adaptarte? En caso de hablar en público siempre aconsejo la famosa regla de Aristóteles: en el punto medio está la virtud. Si te mantienes neutro y sin llegar a los extremos siempre tendrás más probabilidades de agradar a la mayoría de los oyentes. Hablando de la voz esto implica usar un tono relajado pero con ritmo, firme pero amable, pausado, en fin, huyendo siempre de los “muy”.

Por supuesto el mejor consejo que se puede dar es la práctica. Esto se trabaja mucho en mis clases de oratoria. Si no puedes asistir aquí van unos consejos:

Grabarse a uno mismo dando un discurso breve ya nos dará una idea muy reveladora del uso que hacemos de nuestra voz y podremos trabajar con nuestras áreas de mejora.

No dudes en preguntar a tu gente de confianza sobre su opinión de tu voz, y hazlos partícipes de tus ensayos si tienes oportunidad.

Aquí tenéis el vídeo relacionado: http://youtu.be/V7hPKvtdF7U

Buena suerte 🙂

Nada revela tan fiablemente el carácter de una persona como su voz.
(Benjamin Disraeli)

Mirada y sonrisa

Buenas tardes de nuevo,

Parto de la base de que para influir en la comunicación ganarse la simpatía del oyente es condición sine qua non. Creo que a mayor antipatía mayor es la impermeabilidad del receptor del mensaje de forma instintiva.

Pues bien, como dice el título hoy me gustaría hablar de la importancia de la mirada y la sonrisa a la hora de comunicarnos.

¿Cómo puede ser que estas armas de seducción y empatía sean día a día ignoradas por la gran mayoría de las personas? ¿Es esto realmente así, o solo una impresión mía?

Para salir de dudas he hecho una pequeña estadística personal: en las últimas 24 horas he observado la actitud de todas los dependientes de las tiendas o restaurantes a los que he entrado; incluyendo un supermercado, dos tiendas de moda, una librería, dos heladerías, una pollería y una tienda de electrónica. De todos estos sólo una persona me sonrió nada más entrar en el local (una chica muy amable en una heladería). Y solamente otros dos me sonrieron durante mi estancia. Algunos de ellos ni me miraron, como si fuese un espectro.

El contacto con los demás empieza en el rostro. Puede que nuestra presencia sea percibida antes de establecer contacto visual, pero nuestro rostro es nuestra tarjeta de visita en absolutamente cualquier situación. Esto es instintivo e inevitable.

Puestos a tener esta tarjeta de visita ¿no será mejor saber aprovecharla y sacarle su mejor partido? La sonrisa y el contacto visual son así cruciales a la hora de causar una buena impresión, ya sea hablando en público o individualmente.

Hablando en público cobra una trascendencia especial, porque nunca se puede estar seguro de cómo causar una buena impresión a un numeroso grupo de personas antes incluso de abrir la boca. Sin embargo hay claves que son universales, y ésta es una de ellas. Sobre el contacto visual, se recomienda hacer barridos generales a todos los asistentes, no deteniéndose más de tres segundos en cada uno para no incomodarlos. Por otro lado usar estas “armas” al dar la bienvenida según vayan llegando los asistentes es también una forma fantástica de aclimatarte a su presencia (y viceversa) y sentirnos cómodos desde el principio.

Mostrar nuestra buena voluntad y simpatía no puede hacer sino abrirnos puertas, predisponer positivamente a los demás respecto al mensaje que queramos transmitirle, y por tanto hacernos más influyentes.

Rehuyendo la mirada o manteniendo una seriedad formal, lejana y fría mostramos de todo menos simpatía y apertura. En las negociaciones, entrevistas, o cualquier conversación con importancia para nosotros son aliadas de las que no debemos prescindir. Y puesto que no sabes qué persona está entrando por la puerta (si tu futuro jefe, o el amor de tu vida) ¿no es de lógica intentar influir en la forma más positiva posible incluso a los desconocidos?

Pero lo idóneo es, además, sonreír y mirar a los ojos de forma natural. Los gestos forzados envían un mensaje no verbal muy contraproducente, pareciendo que ocultas información. ¿Cómo podemos sonreír y mantener la mirada si somos introvertidos o tenemos un mal día?

Aquí entre la profesionalidad y la capacidad de actuación. La práctica te llevará a dominar esta capacidad de ser agradable a pesar de cualquier circunstancia. Mis consejos en este ámbito son:

– Practica con personas cercanas a ti, intenta jugar a sonreír y “ver si se da cuenta de que en realidad estoy triste/enfadado”.

– Mantén en tu mente el pensamiento “él/ella no tiene la culpa de mi mal día, se merece un buen servicio”.

– Usa grandes dosis de empatía, recordando que en los negocios “a mí no me gustaría que me hicieran partícipe de sus problemas personales”.

Espero que os sirva. No dudéis en contactarme para dudas y cuestiones 🙂

Aquí os dejo el vídeo que he subido sobre el tema:

http://youtu.be/kJyRwrJQ75o

Saludos a todos!

 

Las manos

Buenas tardes a todos, quiero hablar hoy de qué hacer con las manos mientras hablamos en público.

Acabo de tener una alumna interesada en pasar un examen oral. A los dos segundos de empezar la primera prueba ya sabía varias cosas:

– Paola, estás insegura de lo que estás diciendo ¿verdad? Te sientes incómoda en cuanto empiezas a hablar, pero sin embargo estabas cómoda durante la conversación previa a la prueba.

– ¡Sí! La verdad es que nunca me he formado una opinión sobre este tema, y no sé muy bien cómo argumentarlo, por eso me pongo nerviosísima…

Por supuesto había otros indicadores (su balbuceo, mirada nerviosa alrededor) pero las manos en este caso han sido especialmente esclarecedoras. En cuanto ha empezado a hacer la prueba sus brazos la han rodeado como si se diese un abrazo a sí misma. Ha empezado a frotarse los brazos y el cuello insistentemente, como si se aplicara una loción corporal.

La explicación de este tipo de movimientos cuando estamos nerviosos o tensos es muy sencilla. Agarrar cosas lo hemos asimilado desde pequeños a seguridad, firmeza, “si me caigo tengo algo a qué agarrarme”. Muchas personas sujetan firmemente la mesa que tienen delante, el cuaderno, la carpeta… otras más sutiles tocan un boli, sus propias manos, juegan con un anillo, etc.

Tocarse a sí mismo de forma repetitiva suele ser una forma velada de intentar protegerse. Así, tocarse el cuello /pecho es una forma sutil de protegerse de un posible ataque, salvando así estas “partes vitales”.

Si realizamos estos movimientos estamos enviando un claro mensaje no verbal: “estoy tenso, nervioso, seguramente porque no estoy seguro/convencido de lo que digo/escucho, u oculto información”. Lógicamente no queremos enviar este mensaje.

Por eso es muy importante que vigiléis vuestras manos cuando hablais. Intentad observaros en una situación tensa: recordad que la tensión y estrés sacarán a la luz nuestras áreas de mejora. Podéis añadir estrés grabándoos en vídeo, o hablando sobre un tema que os resulte especialmente incómodo con alguien cercano. Intentad relajar los brazos y adoptar una postura neutra:

a) Las manos sobre las piernas, ligeramente entrecruzadas, dedos tocándose, o sosteniendo (que no agarrando) un bolígrafo o libreta.

b) Las manos sobre la mesa, relajadas, abiertas, sin tensión y sin movimientos bruscos.

c) Estando de pie, las manos pueden oscilar a los lados del cuerpo, delante, ligeramente hacia arriba o hacia abajo mientras se gesticula de forma suave y abierta.

La gesticulación no es mala, de hecho una excesiva rigidez puede parecer antinatural. Para elegir qué grado de gesticulación es bueno, la empatía será nuestra gran aliada. Intenta adaptarte (casi imitar) a la persona con la que hablas para transmitirle confianza y comodidad. Si hablas a un auditorio, la regla ideal es la del punto medio: la gesticulación debe acompañar al discurso para dar énfasis, y al cuerpo para dar sintonía (adecuación a los pasos que des, al balanceo, a la presentación del apoyo visual, etc) huyendo siempre de los extremos.

Espero que os sirva, no dudéis en compartir vuestras dudas o comentarios.

La naturalidad y la empatía hacen una combinación perfecta para un buen comunicador.

Bienvenida

Este es mi primer post desde el punto de vista profesional.

Creía que sería sencillo, pero no puedo evitar ser muy consciente de la responsabilidad que tengo ahora bajo la llema de mis dedos. A fin de cuentas se trata de “comunicar hablando de cómo comunicar” o metacomunicación, o sea, la quintaesencia de predicar con el ejemplo.

Sin embargo como declaración de intenciones diré que la oratoria (mi pasión) está usualmente referida al arte de hablar (que no escribir) con elocuencia. Esto así, y dadas las necesidades e intereses que he podido percibir en mi entorno profesional, hablar en público parece una asignatura pendiente  a la que será un tremendo placer dedicar la mayoría de mis posts.

Por otro lado los que hayan acudido a alguna de mis charlas sabrán la importancia que doy -dentro de hablar en púlblico y en general la comunicación- al lenguaje no verbal. Con esto me refiero al conjunto del cómo se te ve (en lo que se incluye el body language) y el cómo se te escucha (uso de la voz). Y no es caprichoso, sólo obedezco a lo que todos damos importancia, y es que sólo entre un 7% y un 10% del mensaje que recibimos está basado en el contenido del mismo, en “lo que se dice”. Todo lo demás: el “cómo se dice”. El lenguaje no verbal se llevará otra buena parte de mi atención.

Sin más bienvenido a mi blog profesional, espero poder serte de ayuda como compensación por el tiempo invertido en leerme, pues no somos nada más ni tenemos nada más que ofrecer que tiempo.

Conóceme aquí:

http://youtu.be/f–kzJZdHCg